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Mientras las apilaba sobre mi mesa prolijamente, las fui contando.
Constituí an en sí mismas una verdadera fortuna. Só lo por pasar el tiempo, empecé a imaginar todas las cosas que se podrí an comprar con ellas. Pensaba en lo loco que se pondrí a un codicioso que se topara con semejante tesoro. Por suerte, por suerte...no era mi caso... Hoy vino un señ or a reclamar las monedas. Era mi vecino. Pretendí a sostener el muy miserable que las monedas las habí a enterrado su abuelo, y que por lo tanto le pertenecí an a é l. Me dio tanto fastidio que lo maté... Si no lo hubiera visto tan desesperado por tenerlas, se las hubiera dado, porque si hay algo que a mi no me importa son las cosas que se compran con dinero; eso sí, no soporto a la gente codiciosa...
Antes de comenzar la lectura: 1º.- ¿ Có mo podrí a una liebre vencer a un leó n? LA LIEBRE Y EL LEÓ N Un leó n estaba en una tierra muy fé rtil, en la que abundaban las bestias salvajes, el agua y los pastos. Las bestias que estaban en esta tierra estaban muy asustadas por el miedo que tení an al leó n. Se reunieron todas las bestias y tomaron la resolució n de ir adonde moraba el leó n y decirle: -Tú no puedes devorarnos conforme quieras; al menos has de pasar fatigas en la caza. Nosotros venimos a proponerte un medio de que tú comas sin esfuerzo y, a cambio de ello, nos dejes a las demá s bestias en paz. Dijo el leó n: - ¿ Y cuá l es ese medio? Dijeron las bestias: -Haremos contigo un trato. Te daremos cada dí a un animalito para que te lo comas tranquilamente. Tú, a cambio, nos prometerá s dejarnos en paz dí a y noche. Al leó n le gustó el trato y lo aceptó. Y aconteció que una vez una liebre, a la que llevaban inerme para que se la merendara el leó n, dijo a las otras bestias: -Si me quisierais escuchar, os dirí a algo que redundarí a en provecho vuestro, que os librarí a del miedo al leó n y a mí de la muerte. Y le contestaron: -¿ Y qué quieres que hagamos? Y dijo la liebre: -Mandad a quien me lleve que vaya muy despacio, de manera que no llegue a la presencia del leó n hasta que ya esté muy pasada la hora de comer. Y así lo hicieron. Y cuando llegaron cerca de donde estaba el rey de la selva, se adelantó sola la liebre y llegó hasta el leó n, que estaba terriblemente enojado. Y cuando vio a la liebre, rugió el encolerizado leó n: -¿ De dó nde vienes y dó nde está n las bestias y por qué no han cumplido el pleito que aprobaron conmigo? Y dí jole la liebre: - ¡ Oh, Señ or! No nos recriminé is. Yo era la encargada de traeros otra liebre para que os sirviera de almuerzo, pero en el camino me he topado con otro leó n, el cual, al saber que tal liebre era para vos, se la comió. Yo le repliqué que hací a muy mal, porque la vianda sabrosa era para vos, que sois el rey de la selva, y que mi consejo era que desistiese, si no querí a arriesgarse a despertar vuestra có lera. Mas é l no me hizo caso y ademá s os insultó cuanto quiso, y dijo que le importaba muy poco luchar con vos, a pesar de ser vos rey. Oí do lo cual, el leó n, iracundo, dijo a la liebre: - Ven conmigo y llé vame hasta ese leó n que dices. Y la liebre lo llevó hasta un pozo muy hondo, de agua muy clara y dí jole: - Este es el lugar del que os hablé. Aupadme y os mostraré vuestro enemigo. Y cuando el leó n la aupó, contempló en el fondo del pozo su imagen y la de la liebre y creyó que era el otro leó n con la presa que le estaba destinada a é l y, rabioso, se lanzó al pozo para luchar con su inexistente enemigo, y se ahogó. Y regresó la liebre adonde le esperaban las demá s bestias y, contá ndoles lo sucedido, las libró de su constante miedo para siempre. Fá bula del Panchatantra indio –
Antes de comenzar la lectura: 1º.- Vamos a comentar estas dos frases sobre la amistad: A) Los mejores amigos son como las estrellas, aunque no siempre se ven, sabes que está n ahí. B) Un Amigo nunca te dice lo que Tú quieres escuchar, te dice la verdad y lo que es mejor para ti. AMIGOS Hace tiempo, al estar en mi casa, siendo como las 11: 00 de la noche, recibí la llamada telefó nica de un muy buen amigo mí o. Me dio mucho gusto su llamada y lo primero que me preguntó fue: -“¿ có mo está s? ” Y sin saber por qué, le contesté: -" solí simo ". -¿ Quieres que charlemos? Le respondí que sí, y me dijo: -¿ quieres que vaya a tu casa? Y respondí que sí. Colgó el telé fono y en menos de quince minutos é l ya estaba tocando a mi puerta. Yo empecé y hablé horas y horas. Hablé de todo: de mi trabajo, de mi familia, de mi novia, de mis deudas..., y é l, atento siempre, me escuchó. Se nos hizo de dí a. Yo estaba totalmente cansado. Me habí a hecho mucho bien su compañ í a y sobre todo que me escuchara y que me apoyara y me hiciera ver mis errores.
Me sentí a muy a gusto, y cuando é l notó que yo ya me encontraba mejor, me dijo: -“Bueno, pues me retiro; tengo que ir a trabajar.” Yo me sorprendí y le dije: -“ Pero por qué no me habí as dicho que tení as que ir a trabajar; mira la hora que es, no dormiste nada, te quité tu tiempo toda la noche ”. É l sonrió y me dijo: - “no hay problema, para eso estamos los amigos”. Yo me sentí a cada vez má s feliz y orgulloso de tener un amigo así. Lo acompañ é a la puerta de mi casa... y cuando é l caminaba hacia su automó vil, le grité desde lejos: - “Oye amigo, y a todo esto, ¿ por qué llamaste anoche tan tarde? ”. É l regresó y me dijo en voz baja… -“Es que te querí a dar una noticia...” -y le pregunté: - ¿ qué pasó?. Y me dijo: “Fui al doctor y me dice que mis dí as está n contados; tengo un tumor cerebral, no se puede operar, y solo me queda esperar...” Yo me quedé mudo... É l me sonrió y me dijo: -“Que tengas un buen dí a, amigo...” Se dio la vuelta y se fue... Pasó un buen rato hasta que asimilé la situació n, y me pregunté una y otra vez, por qué cuando é l me preguntó ¿ có mo está s?, yo me olvidé de é l y só lo hablé de mí. Có mo tuvo la fuerza de sonreí rme, de darme á nimos, de decirme todo lo que me dijo, estando é l en esa situació n?... esto es increí ble… Desde entonces mi vida ha cambiado. Suelo ser má s crí tico con mis problemas y suelo disfrutar má s de las cosas buenas de la vida. Ahora aprovecho má s el tiempo con la gente que quiero... por ejemplo é l... todaví a vive y procuro disfrutar má s el tiempo con é l y hablamos. Sigo disfrutando de mi amigo: de sus chistes, de su locura, de su seriedad, de su sabidurí a, de su temple,...
Antes de comenzar la lectura: 1º.- Vamos a hacer un listado de valores que queremos que tenga un rey.
EL REY Y LA SEMILLA
Hubo una vez un emperador que convocó a todos los solteros del reino, pues era tiempo de buscarle pareja a su hija. Todos los jó venes asistieron y el rey les dijo: -" Os voy a dar una semilla diferente a cada uno de vosotros; al cabo de seis meses deberá n traerme en una maceta la planta que haya crecido, y la planta má s bella ganará la mano de mi hija, y por ende el reino". Así se hizo. Pero habí a un joven que plantó su semilla y no germinaba, mientras tanto, todos los demá s jó venes del reino no paraban de hablar y mostrar las hermosas plantas y flores que habí an sembrado en sus macetas. Llegaron los seis meses y todos los jó venes desfilaban hacia el castillo con hermosí simas y exó ticas plantas. El joven estaba demasiado triste pues su semilla nunca germinó. Ni siquiera querí a ir al palacio, pero su madre insistí a en que debí a ir, pues era un participante y debí a estar allí. Con la cabeza baja y muy avergonzado, desfiló el ú ltimo a palacio con su maceta vací a. Todos los jó venes hablaban de sus plantas, y al ver a nuestro amigo soltaron en risa y burla. En ese momento el alboroto fue interrumpido por la presencia del rey. Todos hicieron su respectiva reverencia mientras el rey se paseaba entre todas las macetas admirando las plantas. Finalizada la inspecció n, hizo llamar a su hija, y llamó de entre todos al joven que llevó su maceta vací a. Ató nitos, todos esperaban la explicació n de aquella acció n. El rey dijo entonces: -" Este es el nuevo heredero del trono y se casará con mi hija, pues a todos ustedes se les dio una semilla infé rtil, y todos trataron de engañ arme plantando otras plantas, pero este joven tuvo el valor de presentarse y mostrar su maceta vací a, siendo sincero, real y valiente, cualidades que un futuro rey debe tener".
Antes de comenzar la lectura: 1º.- Vamos a comentar esta frase: “Todos somos iguales ante la ley, pero no ante los que se encargan de ejercerla”
JUICIO INJUSTO
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